Las noches fuera de mí dando tumbos ante cientos de espejos
diferentes la certeza extraña e irrenunciable de estar viva música atronadora
neones atronadores luces desfilando ante mi cuerpo muy pequeño en mi cuerpo consciente e infinito y luego los
domingos en Siberia aquellos años fuimos mejores los mejores incluso las
pupilas dilatadas los demás feos los demás lejos los demás fuera entre mis
dedos la flor de la cebolla en tus ojos las puertas de la percepción antes de que sobreviniera el
desastre se podía meter toda la Historia en un minuto.
Para lo que hemos quedado.
(Hay en los relatos de John Fante una ternura quebradiza y universal que querría para mí)