viernes, 7 de febrero de 2014

Como el cínico, no como el síndrome.

Hacía mucho tiempo que no me acordaba de Will [precisamente hoy].

Will es un hombre que se pasó de beberse los impulsos y de tomar riesgos y terminó durmiendo en un cajero.

Will -cuyo verdadero falso nombre es Diógenes- había sido atractivo sin pretenderlo. Le habían jodido en una plaza de Cuenca. A su lado la vida era sencilla y rica. Se reía descosida y musicalmente, y cuando lo hacía echaba un tufo a vino barato que tiraba para atrás.

Will había sido heroinómano y su libro favorito era "Las uvas de la ira".

Will pensaría que lo he perdido, y me miraría con una decepción profunda que no sabría disimular porque le faltan demasiados dientes como para que le quede una sonrisa convincente.

Will decía -me dijo-:
-"Quiero mi dolor, yo quiero mi dolor intravenoso";
y también:
"la analgesia es personal e intransferible, mujer, ya lo aprenderás. La analgesia no se comparte".

Will desapareció un día que llegué muy tarde y ya nadie se acuerda de él, ni siquiera yo.




martes, 17 de diciembre de 2013

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Las noches fuera de mí dando tumbos ante cientos de espejos diferentes la certeza extraña e irrenunciable de estar viva música atronadora neones atronadores luces desfilando ante mi cuerpo muy pequeño en mi cuerpo consciente e infinito y luego los domingos en Siberia aquellos años fuimos mejores los mejores incluso las pupilas dilatadas los demás feos los demás lejos los demás fuera entre mis dedos la flor de la cebolla en tus ojos las puertas de la percepción antes de que sobreviniera el desastre se podía meter toda la Historia en un minuto.
Para lo que hemos quedado.

(Hay en los relatos de John Fante una ternura quebradiza y universal que querría para mí)

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Enfermos de confeti.


El síntoma no es más que la externalización de la enfermedad.  No es más que el apéndice del verdadero mal, del completo fracaso y de la falta de amor.
                El síntoma es el dinero por trabajo, los libros de autoayuda, los concursos de talentos.
El síntoma es la mezquindad humana, los cursos de escritura creativa, los manuales de peluquería.
El síntoma es el asesinato, la religión, la política. El síntoma es la democracia.
El síntoma es la palabra “paz”, las pastillas para dormir y el coleccionismo de maquetas aeronáuticas
El síntoma es la prostitución de Bob Dylan, o la polla de Rasputín expuesta en el museo erótico de Moscú.
El síntoma son las manifestaciones como lugar de reunión entre amigos.

La enfermedad en cambio, no es otra que la degradación del individuo a simple miembro del grupo social. Mi síntoma particular es la falta total y absoluta de sorpresa.
                La cura son los ojos de mi gato mirándome mientras escribo.

Después de todo, las luces se apagarán, el público se marchará, y el telón caerá encima de vuestras cabezas. Y ni aun así os daréis cuenta de que el mundo estaba justo detrás. Pasando el decorado.

lunes, 26 de marzo de 2012

Après la petite mort


Si amar es sentir mariposas en el estómago, perder es verse devorado por cientos de ellas, es sentir pudrirse el corazón, congelarse las venas y taparse los poros. Si amar es darlo todo, perder es querer que todo te quiten menos lo que no tienes, es nunca tener suficiente pese a tenerlo todo, porque todo es poco cuando nunca tendrás lo que te falta. Cuando llorar no alcanza, ni creencias ni valores te hacen entender lo inentendible o aceptar lo inaceptable, por inevitable que sea. La falta, un abismo desbordado de nada, un final interminable, la tempestad sin calma, un verso de una sola palabra, un cojo con tres piernas, una acepción que nunca muestra el diccionario, una canción cuyo título te empeñas en recordar pero nunca has escuchado, un invento. Egoismo, doloroso egoismo. Soledad en compañía. Madurez. Soledad, sólo soledad. Y ya está.

martes, 20 de marzo de 2012

lunes, 12 de marzo de 2012

Saluda, que Nos vigilan.

Hoy, la Enfermedad y yo volvemos a mirarnos a los ojos. No hay tregua, vuelve – siempre.

(I’m with You, Oh, I’m with all of You in Rockland… ).Nadie que me haya excitado de verdad ha podido ser feliz a secas, si se puede hacer tal cosa. Así dicho parece una gilipollez, pero es que a la entropía prozaica parece que sólo he sobrevivido yo –polvos con autómatas. Tanto es así que creo que he desnudado a la Enfermedad, que creo que de hecho sólo follo con la Enfermedad, que he descubierto que el cuerpo de la Enfermedad me gustaba más cuando sólo la imaginaba desnuda (..where you’re madder than I am). Potentia gaudendi. Hasta creo a veces que mi terapia de shock viene del contacto con la piel de la Enfermedad, que las pollas y los labios y los pechos y los órganos son electrodos que me unen a la máquina que borra mi memoria y descontrola mis esfínteres a cambio de mantener a ralla a la Enfermedad. [Hola, bienvenido a los circuitos de excitación – frustración. Llevo desde los 15 años no-medicada, ¿follamos? ] Las farmacéuticas se han llevado a todos mis amores eternos, algo ha de tener la química que no tenga yo.

Eso a veces te hace sentirte sola. Where we wake up electrified out of the coma.

En un cierto momento del rendirse al baile erótico con la Enfermedad el tiempo es tangiblemente relativo – los adictos al Tranquimazín son todos hijos díscolos de Newton y la Modernidad, según recientes estudios-. Si uno se deja llevar, a partir de un cierto punto histórico todos los acontecimientos que asumimos como verdades más o menos objetivas suceden de forma simultánea lógicamente: María Antonieta, la carrera espacial, JFK, la Primera Comunión, Hiroshima y Auschwitz, Fritz Lang, la Thatcher, las pinturas de Altamira, Martin Luther King, Nerón, Calígula y el primer beso. En cambio, se es capaz de relacionar todos estos elementos, aprovechando la ruptura de la distancia espacio-temporal, hasta que conforman un Todo transparente y perfectamente cimentado sobre las premisas delirantes de la Enfermedad. La Enfermedad es el motor de la Historia.

Pero casi ningún cristiano está dispuesto a asumir que Jesús era un esquizo, por ejemplo. [Si esta clase de reflexiones surgen en un café, preferentemente Starbucks, o en una conferencia universitaria, las podemos llamar revisionismo desde nuestra superioridad moral e intelectual. En la espiral de la Enfermedad se convierten en verdades reveladas, son Palabra desde nuestra superioridad divina]. Arte –los adictos al Tranquimazín y los adictos a los adictos al Tranquimazín somos bastardos de un vitalismo muy mal explicado y peor entendido-.

EL momento de abandonar esa inmersión frenética en la corriente de sucesos y sensaciones se parece bastante a la pequeña muerte. Los sucesivos experimentos demuestran, sin embargo, que sus efectos son más duraderos; y sus consecuencias psicológicas, de mayor calado.

(En la espiral de la Enfermedad, el momento más placentero de tu vida transcurre eternamente al mismo tiempo que la caída del Telón de Acero y el 11 de Septiembre). Un día rompí, accidentalmente, con Ella. Desde entonces soy más sabia, más precisa, más humana, más Amor. Con grandes motivos suficientes. Con fuerza para perseguirlos. Con futuro y espíritu y Tiempo. Pensar en lo que hemos sido sólo me trae una tristeza vacía que palpita sosegada. Lo que hemos sido no da hoy para llorar.

Y, en torno a la Zona Cero, gira ahora el Nuevo Mundo.

Aquí construiremos cantando la trinchera.

Aunque la Enfermedad aceche –siempre.

Bienaventurados los que han amado hasta romperse y tras hacerlo vagarán como fantasmas por la desolada superficie de la Tierra, muertos antes que su cuerpo,

for We know the amplitude of Time