Hoy, la Enfermedad y yo volvemos a mirarnos a los ojos. No hay tregua, vuelve – siempre.
(I’m with You, Oh, I’m with all of You in Rockland… ).Nadie que me haya excitado de verdad ha podido ser feliz a secas, si se puede hacer tal cosa. Así dicho parece una gilipollez, pero es que a la entropía prozaica parece que sólo he sobrevivido yo –polvos con autómatas. Tanto es así que creo que he desnudado a la Enfermedad, que creo que de hecho sólo follo con la Enfermedad, que he descubierto que el cuerpo de la Enfermedad me gustaba más cuando sólo la imaginaba desnuda (..where you’re madder than I am). Potentia gaudendi. Hasta creo a veces que mi terapia de shock viene del contacto con la piel de la Enfermedad, que las pollas y los labios y los pechos y los órganos son electrodos que me unen a la máquina que borra mi memoria y descontrola mis esfínteres a cambio de mantener a ralla a la Enfermedad. [Hola, bienvenido a los circuitos de excitación – frustración. Llevo desde los 15 años no-medicada, ¿follamos? ] Las farmacéuticas se han llevado a todos mis amores eternos, algo ha de tener la química que no tenga yo.
Eso a veces te hace sentirte sola. Where we wake up electrified out of the coma.
En un cierto momento del rendirse al baile erótico con la Enfermedad el tiempo es tangiblemente relativo – los adictos al Tranquimazín son todos hijos díscolos de Newton y la Modernidad, según recientes estudios-. Si uno se deja llevar, a partir de un cierto punto histórico todos los acontecimientos que asumimos como verdades más o menos objetivas suceden de forma simultánea lógicamente: María Antonieta, la carrera espacial, JFK, la Primera Comunión, Hiroshima y Auschwitz, Fritz Lang, la Thatcher, las pinturas de Altamira, Martin Luther King, Nerón, Calígula y el primer beso. En cambio, se es capaz de relacionar todos estos elementos, aprovechando la ruptura de la distancia espacio-temporal, hasta que conforman un Todo transparente y perfectamente cimentado sobre las premisas delirantes de la Enfermedad. La Enfermedad es el motor de la Historia.
Pero casi ningún cristiano está dispuesto a asumir que Jesús era un esquizo, por ejemplo. [Si esta clase de reflexiones surgen en un café, preferentemente Starbucks, o en una conferencia universitaria, las podemos llamar revisionismo desde nuestra superioridad moral e intelectual. En la espiral de la Enfermedad se convierten en verdades reveladas, son Palabra desde nuestra superioridad divina]. Arte –los adictos al Tranquimazín y los adictos a los adictos al Tranquimazín somos bastardos de un vitalismo muy mal explicado y peor entendido-.
EL momento de abandonar esa inmersión frenética en la corriente de sucesos y sensaciones se parece bastante a la pequeña muerte. Los sucesivos experimentos demuestran, sin embargo, que sus efectos son más duraderos; y sus consecuencias psicológicas, de mayor calado.
(En la espiral de la Enfermedad, el momento más placentero de tu vida transcurre eternamente al mismo tiempo que la caída del Telón de Acero y el 11 de Septiembre). Un día rompí, accidentalmente, con Ella. Desde entonces soy más sabia, más precisa, más humana, más Amor. Con grandes motivos suficientes. Con fuerza para perseguirlos. Con futuro y espíritu y Tiempo. Pensar en lo que hemos sido sólo me trae una tristeza vacía que palpita sosegada. Lo que hemos sido no da hoy para llorar.
Y, en torno a la Zona Cero, gira ahora el Nuevo Mundo.
Aquí construiremos cantando la trinchera.
Aunque la Enfermedad aceche –siempre.
Bienaventurados los que han amado hasta romperse y tras hacerlo vagarán como fantasmas por la desolada superficie de la Tierra, muertos antes que su cuerpo,
for We know the amplitude of Time
No hay comentarios:
Publicar un comentario