viernes, 7 de febrero de 2014

Como el cínico, no como el síndrome.

Hacía mucho tiempo que no me acordaba de Will [precisamente hoy].

Will es un hombre que se pasó de beberse los impulsos y de tomar riesgos y terminó durmiendo en un cajero.

Will -cuyo verdadero falso nombre es Diógenes- había sido atractivo sin pretenderlo. Le habían jodido en una plaza de Cuenca. A su lado la vida era sencilla y rica. Se reía descosida y musicalmente, y cuando lo hacía echaba un tufo a vino barato que tiraba para atrás.

Will había sido heroinómano y su libro favorito era "Las uvas de la ira".

Will pensaría que lo he perdido, y me miraría con una decepción profunda que no sabría disimular porque le faltan demasiados dientes como para que le quede una sonrisa convincente.

Will decía -me dijo-:
-"Quiero mi dolor, yo quiero mi dolor intravenoso";
y también:
"la analgesia es personal e intransferible, mujer, ya lo aprenderás. La analgesia no se comparte".

Will desapareció un día que llegué muy tarde y ya nadie se acuerda de él, ni siquiera yo.




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